El psicoanálisis, cómo es el funcionamiento de este método terapéutico

El psicoanálisis es el famoso método desarrollado por el médico y neurólogo austríaco Sigmund Freud con el cual revolucionó el mundo de la psicología al tratar las enfermedades mentales analizando los conflictos sexuales que se originan en la niñez. Entérate aquí de su historia, de qué se trata el método psicoanalítico, qué es la teoría del inconsciente y más.

Psicoanálisis

¿Qué es el psicoanálisis?

La terapia del psicoanálisis es el método terapéutico cuyo objetivo es liberar en el paciente sentimientos, emociones y recuerdos reprimidos en el inconsciente y lograr así la curación de sus traumas y frustraciones.

En otras palabras, la terapia busca traer a la conciencia de la persona lo que existe escondido en el nivel inconsciente que le genera conflicto para así erradicarlo definitivamente.

Para alcanzar este objetivo el terapeuta lleva a cabo mediante una conversación guiada y una escucha activa con el paciente acerca de las situaciones e interrogantes que afectan en su vida, las cosas que le importan e interesan y adentrarse en las complejidades subyacentes a la superficie de apariencia simple.

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El término psicoanálisis proviene de los vocablos griegos ψυχή [psykhé], que significa “alma” o “mente”, y ἀνάλυσις [análysis], que se traduce “análisis”, asociándolo a un estudio o examen profundo de la mente.

La terapia del psicoanálisis, en ocasiones escrito como psicoanálisis, es el método de investigación y tratamiento terapéutico que creó a finales del siglo XIX Sigmund Freud, neurólogo austríaco, quien trataba clínicamente a sus pacientes por fobias, histerias y otros padecimientos psíquicos.

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Es una práctica curativa que se aplica para algunas enfermedades mentales fundamentándose en la comprensión del comportamiento, los sentimientos y el modo de pensar del paciente. Se recomienda también la lectura de Pedagogía experimental como cultura general.

El objetivo primordial de la terapia es estudiar y tratar problemas emocionales partiendo de la niñez del individuo y de la interpretación de sus sueños, aplicando la técnica de asociación libre de sus pensamientos y análisis de actos fallidos, entre otros aspectos.

En el ámbito psicoanalítico, un acto fallido, también conocido como “desliz freudiano”, es aquel en el que el paciente muestra una intención diferente e incluso opuesta a la que tendría estando consciente.

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La teoría del psicoanálisis da relevancia al inconsciente como elemento central para el estudio de las frustraciones y deseos reprimidos del individuo y a la permanencia en el inconsciente de esos impulsos instintivos represados que la conciencia suele rechazar.

Freud, en su tratamiento, se enfocaba en el análisis de personas que mostraban una conducta anormal llegando a sus conclusiones mediante la observación clínica detallada, lo que lo diferenciaba de la técnica de la experimentación que se hacía en esa época, que contemplaba ejercicios, entrenamiento, tests o aprendizaje de nuevos hábitos (como las terapias conductistas).

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Freud sostenía que los fuertes impulsos biológicos, de índole sexual, impactaban sobre el comportamiento humano, lo que generaba los desórdenes psíquicos. Otra lectura interesante es Las principales teorías pedagógicas.

El terapeuta que aplica este tratamiento es referido como psicoanalista, el cual puede ser un psicólogo o un psiquiatra, quien se prepara y está calificado según las exigencias psicoanalíticas para efectuar el análisis profundo del inconsciente del paciente.

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El psicoanálisis ha dado lugar a la aparición de varias otras escuelas de psicología o de orientación dinámica y analítica, así como también ha influido en otras de terapias no necesariamente psicoanalíticas.​

Historia del psicoanálisis

Desde los años 1885 y 1886, cuando fue alumno de Jean Martin Charcot en el hospital Salpêtrière de París, comenzó Freud a visualizar su teoría sobre el tratamiento de pacientes con traumas y fobias.

En esa época Freud participó en diversas investigaciones relacionadas con la histeria, en las que se contemplaba la hipnosis como la técnica disponible para incitar, erradicar e intercambiar síntomas presentes en los cuadros histéricos de los pacientes, en las que se infería eran motivados por causas psicológicas, no orgánicas.

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​Se destacó el caso de las mujeres histéricas que eran sometidas a la terapia hipnótica, en la que ellas lograban liberar sus fobias, pero no guardaban en su conciencia lo sucedido; es decir, no recordaban nada al respecto, aun cuando aún se mantenía la sugestión hipnótica, luego de haberse deshecho dicho trance.

Precisamente en el año 1886 Freud abrió una clínica privada para estudiar estos desórdenes nerviosos, pero aplicando el método científico, comenzando con la hipótesis, la observación, las conclusiones y la publicación de sus resultados.

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Tiempo después, estando trabajando en Viena con el fisiólogo Joseph Breuer,​ aplicaron el método catártico descubierto por éste, el cual Freud fue modificando paulatinamente hasta conceptualizar su psicoanálisis.

Después de prolongados años de trabajo clínico, Freud planteó la tesis de que las manifestaciones histéricas y neuróticas eran ocasionadas en las personas por focos traumáticos reprimidos en el inconsciente, en virtud de que moralmente eran inaceptables para el Yo del individuo. ​

Según Freud estos focos patológicos contemplaban uno o varios eventos de experiencia sexual surgidos de manera prematura en la niñez.

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En 1914, Freud esbozó en su artículo Recordar, repetir, re elaborar, lo que sería su método, partiendo del esquema antecesor, que era la hipnosis.

Señaló al respecto, y en particular sobre la “catarsis breueriana”, que la misma se centraba en la reproducción de los procesos psíquicos del momento en que se generaron esos síntomas neuróticos “para que tuvieran una continuación mediante la actividad consciente”.

​Planteó, asimismo, la hipótesis de que los síntomas aludían a esos procesos reprimidos y, además de que esos recuerdos producían una descarga de emociones y afectos vinculados a ellos, por lo general de experiencias penosas o dolorosas de la niñez.

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Esto es lo que en el psicoanálisis se denominó abreacción, la cual se señaló como uno de los objetivos a ser estudiados con su técnica curativa para lo cual se requería inducir a la persona a un trance hipnótico.

Transcurrido cierto tiempo, Freud abandonó las sesiones con hipnosis, aduciendo que:

  • No se podía aplicar a todos los pacientes.
  • Los efectos de la terapia hipnótica solo duraban cierto tiempo, por lo que los síntomas volvían a aparecer y requería repetir el tratamiento.
  • No permitía trabajar las resistencias del paciente.

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En su terapia se apuntaba, entonces, a deducir según los testimonios libres que el individuo manifestaba aquello que él denegaba recordar. Se procuraba superar la resistencia de la persona a través del trabajo interpretativo y la comunicación de sus resultados.

En su terapia, Freud no se focalizaba sobre un problema específico, sino que se centraba en analizar la superficie psíquica que afloraba en el paciente y mediante el arte interpretativo, identificaba las resistencias en el enfermo y las hacía conscientes.

En 1897, Freud reveló que se aplicó a sí mismo la experiencia clínica acumulada, lo cual coincidió con el fallecimiento de su padre. Así dio inicio a un análisis profundo de sus propias emociones, recuerdos y deseos, con lo cual logró reconstruir su infancia.

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Esta indagación sistemática de su psiquismo, es lo que se llama autoanálisis en psicoanálisis y es un acto fundador del método.

Entre 1895 y 1905, aproximadamente se produjo en Freud un aislamiento personal y profesional, en virtud de la resistencia, objeciones e indignación que sus postulados suscitaban.

Sin embargo, ello sirvió de mayor inspiración a Freud, quien dentro de esas circunstancias hostiles, preparó y publicó dos de sus más famosas obras; a saber: La interpretación de los sueños y Tres ensayos sobre teoría sexual.

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Dicho aislamiento, al que el mismo Freud se refirió como “espléndido aislamiento”, se fue diluyendo progresivamente y en otoño de 1902 inició informalmente la Sociedad Psicológica de los Miércoles, en alemán Psychologische Mittwoch-Gesselschaft .

Allí se comenzaron a reunir, cada miércoles por la noche, médicos vieneses como Max Kahane, Rudolf Reitler, Alfred Adler y Wilhelm Stekel, por cuya iniciativa se comenzaron estas tertulias científicas.

De estas sencillas reuniones surgió en 1908 el núcleo de la que sería la Asociación Psicoanalítica Vienesa, en alemán Wiener Psychoanalytische Vereinigung.

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Ya en 1910 se creó formalmente la fundación de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), pero fue solo después de finalizada la Primera Guerra Mundial, que se pudo expandir social, geográfica y científicamente este movimiento, luego de lo cual se convirtió en referencia obligada, no solo de la psiquiatría y la clínica, sino también de la cultura crítica.

El afianzamiento del pensamiento y práctica psicoanalítica contó con el respaldo de la instalación de clínicas y ambulatorios de carácter gratuito en donde eran tratadas las clases más desposeídas, poniendo en práctica la “psicoterapia para las masas”, que Freud había planteado al terminar la guerra.

Estas clínicas, además del compromiso social implícito, sin antecedentes anteriores de parte de una corriente científica, debieron desarrollar un programa de adiestramiento para formar y capacitar a los psicoterapeutas que se requerirían para ejecutar debidamente el proyecto.

Se comenzaron, entonces, a crear, siguiendo este modelo, clínicas gratuitas en Viena, Berlín, Moscú (creadas con fondos públicos del estado soviético), Budapest, Chicago y Londres.

Desafortunadamente, la expansión del fascismo en Europa durante los años 30 llevó al cierre de estas clínicas, a pesar de que se estaba obteniendo buenos resultados clínicos y de investigación, e hizo que la gran mayoría de los psicoanalistas emigrara de Europa. No obstante, el psicoanálisis siguió avanzado en su historia de hallazgo de nuevos hechos para investigar.

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Asimismo, en virtud de la diversidad de autores y de interpretaciones de dichos hechos, la disciplina psicoanalítica se fue ramificando en varias corrientes, escuelas y métodos de intervención.

Algunos de los muchos colaboradores y seguidores de la teoría de Freud más significativos, además de los ya nombrados, están:  Sándor Ferenczi, Oskar Pfister, Lou Andreas-Salomé, Erich Fromm, Donald Winnicott, Melanie Klein, Paul Federn, Abraham Brill, Marie Bonaparte, Wilhelm Reich, Otto Rank, Karl Abraham, Anna Freud, Karen Horney, Jacques Lacan, Ernest Jones, Max Eitingon y Hanns Sachs, y muchos más que fortalecieron la terapia psicoanalítica y han creado las suyas.

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No obstante, asociado al psicoanálisis, pero de manera discrepante, es oportuno nombrar por su influencia y relevancia a Carl Gustav Jung y Alfred Adler, quienes se apartaron de la terapia freudiana por diferir específicamente de la etiología o causas sexuales de las neurosis que proponía el psicoanálisis, y presentaron sus propios conceptos e ideas.

Método psicoanalítico

El método psicoanalítico es el método de investigación que ha sido aplicado en esta terapia para ampliar la conciencia del paciente y lograr eliminar recuerdos perturbadores, haciéndolo retroceder hacia el estado psíquico donde el síntoma se habría presentado por primera vez.

Con la ayuda del especialista el enfermo saca a relucir pensamientos, recuerdos e impulsos que estaban reprimidos o ausentes de la conciencia.

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En el método se aplica la técnica de Freud de la asociación libre, fundamental para el psicoanálisis, la cual consiste en permitir al paciente expresar durante toda la sesión de terapia, sus sentimientos, emociones, recriminaciones, ideas, pensamientos e imágenes tal y como se van apareciendo en su mente, sin ningún tipo de restricción.

El psicoanalista debe, por su parte, hacer sus observaciones e ir determinando qué aspectos de las manifestaciones del paciente evidencian un conflicto inconsciente.

No obstante, aun cuando se trata de una asociación libre, igualmente está sometida a los designios de nuestro cerebro.

En el psicoanálisis el elemento esencial es el inconsciente, que es la parte que no conocemos de nosotros mismos y es donde el terapeuta hace énfasis para buscar las causas de las enfermedades mentales y las conductas desadaptadas, que es aquella por la que se produce la intranquilidad y perturbación cuando nos encontramos en un entorno desconocido o con personas a las que no nos adaptamos, o cuando no respetamos las normas y conductas de los demás e irrespetamos sus derechos.

Como parte de la terapia, se deben hacer conscientes las fobias y traumas reprimidos, para poder alcanzar la sanación. Asimismo, se requiere hacer la asociación a pensamientos y sentimientos inconscientes.

Los psicoanalistas aseveran que al comprender y enfrentar los conflictos internos del pasado posibilita el afrontar de mejor manera las circunstancias presentes.

El tratamiento con el método psicoanalítico es un proceso largo, ya que se requieren sesiones semanales continuas por un par de años. Sin embargo, los terapeutas señalan que es el que permite conocer en profundidad la mente de la persona, lo que redunda en, no solo curar los traumas, sino que también permite al paciente a conocerse a sí mismo y afrontar mejor las situaciones.

Es un método que puede ser aplicado para casos de neurosis como las fobias, depresión, histeria, angustia, obsesiones o problemas psicosomáticos.

Algunos especialistas han señalan que este método psicoanalítico también puede ser aplicado para resolver problemas de psicosis junto al debido tratamiento con medicación.

Freud, como base científica para su terapia, se sustentó en la práctica clínica que realizó donde descubrió cómo funcionaba el aparato psíquico y cuál sería el método específico para tratar neurosis.

Según sus hallazgos, los síntomas neuróticos son consecuencia de un conflicto interno, que el individuo no puede afrontar conscientemente, por eso lo expulsa al inconsciente, en lugar de resolverlo.

Modelos de la mente

Para aplicar su método psicoanalítico, Freud ideó un modelo de la mente humana, en la que la dividió en tres capas o instancias:

  1. Consciente: Es donde se alojan todos los sentimientos, emociones, pensamientos y enfoque actuales.
  2. Preconsciente, en ocasiones referido como subconsciente: Es el lugar donde está todo lo que podemos recuperar de nuestra memoria. En esta instancia podemos decidir ser consciente o no de lo que allí se almacena. Por ejemplo, siempre estamos pestañeando para lubricar el ojo inconscientemente, sin pensarlo. Pero también podemos decidir pestañear de manera más seguida de manera consciente.
  3. Inconsciente: Este es el sector más profundo de nuestras mentes en el que se encuentra un repositorio de los procesos que desencadenan nuestra conducta, incluidos los deseos primitivos e instintivos.

Sesión psicoanalítica

Por lo general para lograr resultados efectivos en esta terapia, una sesión de psicoanálisis requiere de algunos años con una frecuencia de sesiones de tres a cinco veces por semana.

En el sitio de la terapia, el paciente se recuesta en un diván, y, mediante la técnica de la asociación libre, en el que de manera relajada, se concentra y habla, sin censura, en la medida de lo posible, sobre lo que está sintiendo o pensando, expresando todo lo que se le venga a la mente.

El psicoanalista se sienta detrás del paciente y mediante una escucha activa, mantiene su atención para comunicar oportunamente al paciente sus interpretaciones, según lo que va apareciendo durante la sesión.

El terapeuta le entrega al paciente dichas interpretaciones según lo considere conveniente y en las situaciones que decida.

En las interpretaciones, el psicoanalista capta e interpreta particularmente los patrones emocionales, de desempeño psíquico, los modos de alusión y repetición a si mismo que emplea el paciente y las formaciones que afloran del inconsciente en el discurrir de la terapia.

Sigmund Freud

Nació el 6 de mayo de 1856 en Přibor, Moravia, Imperio austro-húngaro, hoy República Checa. Perteneció a una familia judía formada por sus padres y seis hermanos: cinco mujeres y él, siendo él el mayor de todos.

En 1860 la familia se tuvo que mudar a Viena en busca de una mejor calidad de vida y a pesar de las dificultades económicas, sus padres le impulsaron a ingresar a la Universidad de Viena para estudiar medicina, en una época de ambiente de mucho antisemitismo.

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Se graduó de médico en 1882 y entró a trabajar en el Hospital General de Viena entre los años 1883 y 1885, donde se especializó en neuropatología. Siendo investigador médico, Freud propuso el uso terapéutico de la cocaína como estimulante y analgésico, sobre la que escribió muchos artículos sobre sus propiedades.

Al volver de un viaje de estudios en París, poco antes de casarse, inauguró una clínica privada especializada en desórdenes nerviosos a fin de tratar la histeria y la neurosis mediante la aplicación de la hipnosis y el método catártico. Con el tiempo cambiaría este método por la técnica de la asociación libre.

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Se casó en 1886, después de un largo noviazgo, con Martha Bernays con quien procreó seis hijos: Anna, Martín, Oliver, Mathilde, Ernst y Sophie.

El 1899 apareció su obra más importante, La Interpretación de los Sueños, con la que inició la nueva disciplina del psicoanálisis y un modo diferente de entender al ser humano.

En 1909, Freud y su colega Carl Gustav Jung visitaron por primera y única vez los Estados Unidos de América. Freud pensó que lo recibirían con el mismo rechazo que causaron sus teorías en Europa.

Sin embargo para su sorpresa fue admitido con respeto y admiración en los círculos profesionales de psicólogos en un continente que él había calificado como puritano y contrario a sus ideas revolucionarias.

Carl Gustav Jung

A su regreso, fundó la Asociación Internacional de Psicoanálisis, liderada por su colega Jung en la ciudad de Nüremberg. Cuatro años después debido a un grave desacuerdo entre ambos en cuanto a la teoría psicoanalítica, Jung fundó su propia escuela.

En el año de 1938 tras la anexión de Austria por parte de la Alemania Nazi, Freud, en su condición de judío y fundador de la escuela psicoanalítica, fue considerado enemigo del Tercer Reich.

Sus libros fueron quemados públicamente y tanto él como su familia sufrieron un intenso acoso, a tal grado de que se vio obligado a exiliarse en Londres, gracias a la ayuda de sus amigos  Ernest Jones y Marie Bonaparte.

Al momento de salir de Viena, se le obligó a firmar una declaración en la que aseguraba que había sido tratado con respeto por el régimen nazi.

Los peores temores de Freud acerca del lado oscuro del inconsciente se estaba haciendo realidad: “¡Cuánto hemos avanzado! En la Edad Media me habrían quemado a mí; ahora queman mis libros!”.

En 1923, Freud fue diagnosticado con cáncer en la mandíbula, por lo que tuvo que ser sometido a varias operaciones hasta su muerte en Londres en 1939.

A pesar de la enfermedad su intensa actividad no mermó. Sus contribuciones al diagnóstico del estado de la cultura datan de estos años. Se cuenta las obras como “El Porvenir de la Ilusión”, “Moisés y el Monoteísmo” y “El Malestar en la Cultura”, en el que plasmaba la guerra psicológica entre la cultura y el barbarismo y analizaba cómo el hombre animal se había organizado en grupos políticos extremos que destruirían al mundo.

Uno de los libros más importantes de esta época fue “El Chiste y su Relación con el Inconsciente”, en donde explica que el chiste es una actividad que tiende a extraer placer de los procesos psíquicos reprimidos.

En 1927 la revista The New Yorker comenzó a publicar caricaturas relacionadas con las ideas de Freud. Más que ninguna otra revista, desarrolló los códigos e iconografía del entorno terapéutico como eran el psicoanalista barbudo con acento alemán o vienés, el diván y los pacientes neuróticos que asistían a consulta.

A partir de entonces hasta principios de los años setenta se publicaron más de 400 caricaturas sobre el tema. Los argumentos que se manejaron los primeros años giraban en torno a los conceptos freudianos como el Complejo de Edipo, los sueños reprimidos e inexpresables o la asociación libre.

Los caricaturistas de la revista lograron con expresiones cortas abrir nuevos caminos en el campo de los chistes sin palabras y satirizaron la jerga psicoanalítica.

El diván usado por Freud en su consultorio era un mueble de gran importancia y cliché de un sinnúmero de situaciones cómicas en las caricaturas.

La omnipresencia de la terapia de Freud

Como fenómeno cultural fue característica de la época de oro del psicoanálisis posterior a la Segunda Guerra Mundial. Autores como André Breton, Luis Buñuel, Salvador Dalí o Alfred Hitchock tienen una clara influencia freudiana.

André Breton

A pesar de los desafíos a los que sus ideas han tenido que someterse, Freud sigue siendo una de las figuras más influyentes del pensamiento contemporáneo.

La importancia primordial del psicoanálisis reside en su condición de instrumento para la investigación de los factores determinantes en el pensamiento y comportamiento del ser humano.

Su obra ha tenido un enorme impacto en las ciencias sociales, la filosofía, teoría política, la literatura, el arte, el cine y, en general, en la cultura popular.

Principales conceptos

Entre los conceptos más relevantes que generó la teoría psicoanalítica se encuentran los siguientes:

Conciencia

Es el conocimiento que todo ser humano tiene de sus pensamientos, sentimientos, de su propia existencia, sus estados y sus actos.

Estar en conciencia significa que el individuo tiene la capacidad propia de reconocerse a sí mismo, de su propia existencia y de su entorno.

Inconsciente

El inconsciente es un conjunto de impulsos reprimidos que no llegan a la conciencia aun cuando están activos en el individuo; es decir, son fenómenos no presentes en el campo actual de la conciencia.

Son contenidos reprimidos que buscan volver a la conciencia o que tal vez nunca fueron conscientes por ser incompatible con la conciencia.

Preconsciente

Es el área de la psiquis o mente, que no es consciente, pero tampoco forma parte del inconsciente, lo que implica que la conciencia puede acceder a los contenidos preconscientes mediante ciertos procedimientos.

Se puede afirmar que el preconsciente es todo aquello que aún no es totalmente parte del inconsciente, por lo que se puede acceder, de algún modo, desde el lado del consciente, como por ejemplo el recuerdo de un número telefónico, de un apellido, de un rostro, una dirección, etc.

 

Estados reprimidos

Son revelaciones que afloran a la mente del individuo a través de imágenes retenidas durante el tiempo de vida de cada individuo y que son inaccesibles sin una hipnosis.

Aparato psíquico

Es el que contiene las fases de la personalidad que sustentan el funcionamiento psíquico humano y son: el ello, el yo y el superyó,

  • Ello: Es la fase original de la personalidad, que sustenta las otros dos fases. Es todo lo que se hereda o está presente al nacer y se presenta de forma pura en nuestro inconsciente. Está constituido por impulsos primitivos.
  • Superyó: Es la contraposición del Ello y se refiere a los pensamientos morales y éticos que impone la cultura y la sociedad.
  • Yo: Forma parte del Ello, pero modificada por estar cercana a la realidad y es donde aparecen, de manera realista, los deseos y demandas del Ello, según el mundo exterior. Además, trata de conciliarse con las exigencias del superyó.

Asociación libre

Técnica fundamental del psicoanálisis que consiste en que el paciente manifieste en la sesión psicoanalítica, todos sus sentimientos, pensamientos, ideas, emociones e imágenes tal y como se le presentan, sin restricciones ni orden preestablecido.

Represión

Es el mecanismo o proceso psíquico mediante el cual una persona rechaza representaciones, sentimientos, deseos, recuerdos, ideas o pensamientos para mantenerlos represados en el inconsciente.

Sexualidad

En el sentido psicoanalítico, significa el placer en el sentido amplio, a sus fuentes y a cómo los sujetos humanos buscan obtenerlo.

Resistencia

Está referida al sistema de conductas y actitudes que muestra el paciente como rechazo u oposición ante un tratamiento, o alguna parte de la terapia o a la propia persona del terapeuta.

Complejo de Edipo

En la teoría psicoanalítica se define como el deseo inconsciente del niño de mantener una relación sexual (incestuosa) con el progenitor del sexo opuesto y de eliminar al padre del mismo sexo (parricidio).

Teoría del inconsciente

Para el psicoanálisis, la psiquis o el aparato psíquico posee diferentes instancias o capas mediante las cuales se manifiesta. Así tenemos las instancias: consciente, preconsciente e inconsciente, cada una con sus propiedades y características.

Para visualizar mejor cómo se presentan estas capas de la psiquis, se usa la imagen de un gran iceberg.

En la imagen se ilustra al consciente como la punta que sobresale, es la zona más pequeña y visible a todos. Es el que nos da el momento presente en el que tenemos manifestaciones y estimulaciones externas, producto de nuestras vivencias, siempre disponibles en la conciencia.

Seguidamente, se encuentra el preconsciente, que aunque está sumergido en el agua, aún se puede apreciar desde el consciente. Es el que acumula experiencias o manifestaciones que a voluntad propia podemos manipular, para lo cual se aplica un procedimiento de supresión o eliminación de pensamientos o experiencias no deseadas.

Allí se almacena recuerdos latentes que pasan de manera espontánea y deliberada de la conciencia, pero que si nos esforzamos o nos obligamos a recordar, pueden volver a la conciencia mediante la asociación con estímulos actuales.

Luego está el inconsciente que es la parte más amplia y profunda del iceberg. Representa, según Freud, lo desconocido y normalmente inaccesible y está constituido por fenómenos psicobiológicos básicos y primitivos, que van contra nuestros motivos conscientes, pudiendo producir conflictos en la vida.

En el inconsciente se acumulan experiencias vividas pero olvidadas o reprimidas a lo largo de nuestra vida y que pueden llegar a relucir bajo una condición especial o en una situación de conflicto aflorando sentimientos, emociones, pensamientos, deseos y hasta placeres no reconocidos, no deseados y para los que no hay una explicación consciente.

La teoría del inconsciente que planteaba Freud contempla un proceso de represión, que se puede decir que es de exclusión o erradicación de experiencias vividas contrarias a nuestra voluntad, para lo cual hay que identificarlas, reconocer sus contenidos y su forma de operar y lograr así su definitiva anulación.

Por lo general, en el inconsciente encontramos sueños reprimidos, hábitos no deseados, ideas incongruentes con nuestro ser consciente, recuerdos de dolor y maltratos. Se trata de contenidos que amenazan nuestra existencia organizada.

Allí se pueden encontrar también los llamados lapsus linguae, que se refieren a todas aquellas equivocaciones que hacemos al hablar o escribir, producto de motivaciones inconscientes, de no querer decir o señalar lo verdadero.

De acuerdo con Freud, muchos de los trastornos de personalidad son una prueba incuestionable de la presencia en el inconsciente de un factor perturbador, porque hay un significado que debe ser descubierto de esos trastornos, que obedecen a un propósito.

Es muy frecuente ilustrar el inconsciente con el ejemplo de la cita al dentista que había sido programada y a la que, sin embargo, no fuimos. Pero repentinamente la recordamos en la noche antes de dormir.

¿Por qué lo olvidamos de la cita? Son muchas respuestas a esta pregunta. Puede ser por el terror a los aparatos del dentista, al sonido del taladro dental, el olor del consultorio, el miedo a la inyección de anestesia, entre otros factores que podrían inconscientemente haber hecho que la olvidáramos con el fin de eludir el dolor o la incomodidad.

Crítica al psicoanálisis

Karl Raimund Popper, eminente filósofo y profesor austriaco, aunque tiempo después se hizo británico, objetó el carácter científico del psicoanálisis, alegando la infalsabilidad de algunos de sus elementos.

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Ello conllevó a que se pusiera en tela de juicio la factibilidad de la sanación definitiva mediante el psicoanálisis. Según sus detractores el fue debido principalmente por ser una disciplina heterodoxa o disconforme al compararla con las ciencias naturales.

Algunos autores aseveraban que la teoría del psicoanálisis no podía ser sometida a ninguna prueba de falsabilidad o refutabilidad, pues no tenía la capacidad para refutar las objeciones o defender su tesis.

De allí que autores como Popper, uno de los primeros que la cuestionó en sus trabajos sobre la filosofía de la ciencia, alegó la infalsabilidad de algunos de los elementos psicoanalíticos. Él apuntaba que varios de los postulados de Freud no superarían ese principio de falsabilidad.

Otros investigadores también cuestionaron las presuposiciones del psicoanálisis con respecto a la incapacidad de ser analizada bajo el escrutinio de falsabilidad.

Adolf Grünbaum, filósofo y epistemólogo estadounidense, al igual que Popper, consideró que el psicoanálisis no era una ciencia, sin embargo, difirió en el argumento que éste arguyó, pues él sí consideraba que se podían probar las predicciones de los postulados psicoanalíticos, pero que para él eran simplemente falsos.

Uno de los postulados del psicoanálisis más ha sido criticado es el Complejo de Edipo, pues según investigaciones no es de aplicación universal.

Así lo demostró Bronislaw Malinowski en su trabajo científico con las tribus de las Islas Trobiand. Según Malinowski, el complejo no es solo aplicable a la relación madre/hijo, sino en otro tipo de relaciones, según las particularidades del sistema familiar.​

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Igual cuestionamiento se ha hecho a otros postulados psicoanalíticos como el complejo de castración o la pulsión de muerte, en virtud de que se señalan que no tienen sustento científico suficiente.

Otras objeciones hacían referencia a que el psicoanálisis es una pseudociencia, por la falta de consistencia e interrelación de esta teoría y las otras corrientes de la ciencia asociadas a la mente humana.

Se ha señalado, igualmente, que hay algunos críticos que han incluso investigado la veracidad de los resultados de tratamientos aplicados.

Este es el estudio que llevó a cabo el psicólogo británico Hans Eysenck, en el que, al analizar varios de los casos reportados, encontró que no había diferencias representativas entre el número de casos exitosos y los que mejoraron de forma espontánea.

​Hubo casos de críticas aún más extremistas como el de la periodista Karin Obholzer, quien realizó una investigación de uno de los casos más representativos del psicoanálisis como lo fue el Sergei Pankejeff, el llamado “hombre de los lobos”, en el que llegó a la conclusión de que se trataba de un fraude.

Según esta periodista investigadora, en el registro médico Sergei Pankejeff se reportó que sufría de una grave neurosis y de pesadillas recurrentes que dificultaban llevar una vida normal.

Freud, en su sesión psicoanalítica, hizo la interpretación sus sueños y reportó que se asociaban a un trauma sexual de su infancia, lo cual transmitió al paciente, quien sanó completamente de su dolencia.

Sin embargo, según lo que señala la periodista en su indagación ocurrió una situación diferente, pues, según ella, Pankejeff nunca se curó y tuvo que seguir tratamiento con otros psicoanalistas hasta su muerte y su condición, en lugar de sanar o mejorar, empeoró durante ese tiempo.

Sergei Pankejeff

También ella reveló que Pankejeff cobraba un sueldo mensual de parte de la Fundación Sigmund Freud de manera de mantenerlo oculto en Viena y así no saliera a la luz pública el fraude cometido.

 

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