David Hume

David Hume es uno de los representantes más destacados del empirismo y uno de los filósofos más insignes de la Ilustración. Se le considera como un adelantado para su tiempo, ya que creó un sistema filosófico radical que desafió con sus ideas al sistema religioso imperante. Tanto así que se le calificó de hereje y sus obras fueron prohibidas por la Iglesia Católica.

David Hume

¿Quién fue David Hume?

David Hume ​fue un filósofo, historiador, economista y ensayista oriundo de Escocia, quien gracias a sus teorías se convirtió en uno de las intelectuales más sobresalientes de la filosofía occidental y la Ilustración.

Sus ideas tuvieron gran incidencia sobre las corrientes filosóficas del empirismo, escepticismo, naturalismo, utilitarismo, positivismo lógico, la filosofía de la ciencia, la filosofía analítica, la ciencia cognitiva y la teología, entre otros movimientos.

Hume puso gran empeño en idear una ciencia naturalista del hombre que estudiará su raíz psicológica como especie. Hume fue contrario a la existencia del conocimiento innato, ya que consideraba que todo el conocimiento humano proviene exclusivamente de la experiencia.

Pese a haber escrito sus libros en el siglo XVIII, su trabajo continúa siendo parte de debates filosóficos hoy día, algo que no ocurre con la obra de muchos de sus contemporáneos. Sus opiniones sobre la filosofía de la religión, como la no creencia en milagros y la tesis del diseño de la existencia de Dios, fueron muy controversiales en su tiempo.

Biografía

David Hume nació en Edimburgo, Escocia, un 26 de abril de 1711, siendo el menor de tres hermanos. Su familia era parte integrante de la pequeña nobleza de la frontera de este país con Inglaterra. A su corta edad de 3 años fallece su padre, quien era un reconocido abogado.

Tras superar la tragedia familiar, su madre decidió mudarse a la localidad de Ninewells, donde su cuñado le ayudó en la crianza de sus hijos. En 1722, David ingresa al Colegio de Edimburgo, donde los profesores que impartían clases eran discípulos del gran físico Isaac Newton.

David Hume

Parte de la enseñanza que recibió en esa institución incluyó la lectura de obras de poetas latinos y de escritores ingleses. Mientras aún cursaba su enseñanza primaria, ya su familia había escogido la carrera que querían que estudiara a futuro: derecho.

En una carta que envió a John Arbuthnot rememora la etapa de crisis que vivió en 1734. En ella reseña como sintió entonces que no podía superar su aversión hacia toda cosa, excepto los estudios de filosofía y el conocimiento en general.

Tras rehusar convertirse en abogado, padeció una crisis de arrebato que le llevó a marcharse a Bristol buscando ganar algún dinero. Viajó luego a Francia, donde permaneció por casi tres años, viviendo en Reims y La Flèche de 1735 a 1737. Fue en esta última ciudad donde terminó de escribir su obra “Tratado de la Naturaleza Humana”.

Retorna a Londres en 1737, y en enero de 1739 pública los dos primeros volúmenes de su obra sin indicar su autoría, la que, desafortunadamente, fue un fracaso en ventas. No obstante, habérsele hecho varias reseñas, en ninguna de ellas se expusieron con claridad las tesis de David ni la amplitud de su proyecto. Buscando ser comprendido por su público, procede a reformular el Tratado.

En 1739 retorna a Escocia con su familia y en 1740 publica un “Resumen del Tratado de la Naturaleza Humana”, y en otoño de ese mismo año da a conocer el volumen III del Tratado.

La primera parte de sus “Ensayos Morales y Políticos” la publica en 1741, y fue tal su éxito que se necesitó de una segunda edición en 1742. En 1744 es rechazada su candidatura a la cátedra de Moral y Filosofía Neumática de la Universidad de Edimburgo, debido al presunto ateísmo contenido en sus obras.

En 1746 trabaja como secretario del general James Saint-Clair, con quien viaja a Viena y Turín, en misión diplomática. Al volver a Escocia en 1749, redacta su obra “Discursos Políticos y sus Investigaciones sobre los Principios de la Moral”. Su talento como filósofo empieza a ser reconocido, y en 1751 regresa a Edimburgo para publicar sus “Discursos Políticos” en 1752, obra que fue bien recibida.

Se emplea entonces como bibliotecario de la Facultad de Abogados de Edimburgo y decide comenzar a escribir el libro “Historia de Inglaterra” que comprendería seis volúmenes. En 1757 publica en Londres su “Historia Natural de la Religión”.

Hume logra alcanzar la fama que tanto había deseado tras publicar, entre 1754 y 1762, los seis volúmenes de su “Historia de Inglaterra”, en la cual se cubren los eventos históricos desde la Invasión de Julio César hasta la Revolución de 1688. Luego del éxito logrado, David se retira al campo, para disfrutar de un retiro apacible.

Aun así, acepta el cargo como secretario de Lord Hertford en París, donde trabaja desde 1763 a 1765. En 1766 es designado como subsecretario de Estado en Londres, para finalmente retornar a Edimburgo en 1769.

David Hume nunca se casó y vivía por temporadas en la casa de su familia en la localidad de Chirnside en Berwickshire, la que desde el siglo XVI era propiedad familiar. Los efectos de un cáncer estomacal comenzó a sentirlos a partir de 1775, padecimiento que le hizo fallecer al año siguiente, el 25 de agosto de 1776, cuando contaba con sesenta y cinco años.

Obras

Las obras de Hume se pueden separar en tres periodos: una época de estudios y trabajo hasta 1740, una de viajes y resultados, de 1740 a 1769 y una de retraimiento de 1769 a 1776:

  • Historia Amable de mi Vida (1734).
  • Tratado sobre la Naturaleza Humana (1739–1740).
    • “Del entendimiento”.
    • “De las pasiones”.
    • “De la moral”.
  • Ensayos sobre Moral y Política (primera edición: 1741-1742).
  • Cartas de un Caballero a su Amigo de Edimburgo (1745).
  • Investigación sobre el Entendimiento Humano (1748).
  • Investigación sobre los Principios de la Moral (1751).
  • Discursos Políticos (1752).
  • Cuatro disertaciones: Historia Natural de la religión, De las Pasiones, De la Tragedia, Del Criterio del Gusto (1757).
  • Historia de Inglaterra – 6 Vols. (1754-1762).
  • Historia Natural de la Religión (1757).
  • Mi Vida (1776).
  • Diálogos sobre la Religión Natural (1779).

Aportes de David Hume

Los trabajos de David Hume se centraron en el desarrollo de su Teoría Empirista y su Teoría del Conocimiento. Igualmente contribuyó a la filosofía contemporánea con ideas notables acerca de la Causalidad, la Sustancia, la Ética y la Política.

Teoría Empirista

Siguiendo las ideas de John Locke, Hume se sumó al movimiento filosófico del empirismo, cuyos inicios en Gran Bretaña se remontan al siglo XVII. Locke fue el más fiel promotor y exponente de esta corriente, así como del liberalismo político en Gran Bretaña.

David Hume

Los fundamentos de una Sociedad y Estado Modernos son para Locke: la independencia de los poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) y la protección de los derechos naturales de las personas (libertad, propiedad y justicia). Para ambos principios deberá pactarse un “contrato social” que permita atender y resolver los problemas de cada individuo.

En el siglo XVIII, David Hume fue la figura más destacada del empirismo, movimiento que se puede considerar histórica y conceptualmente como parte de la Ilustración, corriente cultural que se tiene como la de mayor influencia en Francia, Inglaterra y Alemania en esa época. La propuesta fundamental de este movimiento era que el conocimiento nos hará libres y que ese conocimiento se construye científicamente.

Hume, como empirista fue de la idea que todo saber es resultado de la experiencia; tanto externa, proveniente de los sentidos, como de la experiencia íntima, la autoexperiencia. Su propuesta empirista busca analizar los hechos de la propia experiencia, para diferenciarlos de los llamados hechos psíquicos, a los que Hume denomina percepciones del espíritu.

Teoría del Conocimiento

Dado que todo nuestro conocimiento se construye en base a percepciones, para Hume conocer es esencialmente percibir. Definió dos tipos de percepciones, que se diferencian por su fuerza e intensidad: impresiones e ideas.

Según Hume, las impresiones anteceden a las ideas, y todo aquello que ingresa a la mente es una percepción, ya sea que lo haga a través de los sentidos, de las pasiones o de nuestra misma reflexión. Puesto que las impresiones son previas a las ideas en el acto de percibir que ejecuta nuestra mente, las primeras suelen ser mucho más vivaces y poderosas que las segundas.

Las impresiones son consecuencia inmediata de la experiencia, tanto a nivel interno como externo. Por otro lado, Hume es de la opinión que las ideas son meras réplicas de las impresiones, lo cual les resta fuerza, por lo que son solo consideradas como derivaciones de las impresiones.

El Problema de la Causalidad

Todo lo existente tiene una causa, según el principio de causalidad, por lo tanto, es posible establecer entre los hechos una relación causa-efecto. La dificultad surge al aplicar esta forma de pensar a la hora de necesitar explicar las relaciones entre hechos, esto es, cuando intentamos manifestar nuestro conocimiento de hechos mediante la causalidad.

Nuestro conocimiento corre el riesgo de quedar en simple percepción de datos aisladamente recibidos por nuestros sentidos, si no existiese la posibilidad de recurrir al principio de causalidad. Dichos datos quedarían como fugaz evidencia de algo recibido por nuestros sentidos, tal vez como un recuerdo o una memoria.

El Problema de la Sustancia

Al reconocer al escepticismo y al fenomenismo como paradigmas en base a los cuales entender la realidad, el pensamiento de Hume se ve forzado a enfrentarse con la Tradición Filosófica al cuestionar la sustancia. Ésta siempre fue considerada como el más importante fundamento de la metafísica occidental.

Según Hume, el concepto de sustancia no se basa en ninguna impresión, por lo que tal representación mental no puede derivar de algo real. El riguroso empirismo imperante en su filosofía, donde se señala que la experiencia es la que origina y restringe nuestro conocimiento, lleva a tomar la determinación de que no hay espacio para la sustancia, pues es algo que la experiencia no concibe.

Ética

El concepto de la ética racional y el iusnaturalismo (escuela de pensamiento que se inspira en el derecho natural) serán duramente cuestionados por la teoría ética de David Hume. Específicamente en este último, Hume reprueba lo que él denomina “falacia naturalista”, término con el que se describe el hecho de confundir entre sí dos objetos naturales.

Para Hume resulta imposible plantear juicios morales de índole normativa sobre lo que se ha de hacer en base a cuestiones de hecho acerca de cómo son las cosas. Las reglas éticas del deber son imposibles de deducir sólo a partir de enunciados de hechos.

Política

En su época se admitían dos posturas en relación a la justificación del Estado:

  • La absolutista que abogaba por el origen divino del poder.
  • La contractualista, respaldada por Locke, conforme a la cual la libertad e igualdad son propias de los hombres en estado natural. Solo mediante un pacto o acuerdo entre los ciudadanos en defensa de los derechos naturales irrenunciables: libertad, igualdad y propiedad puede surgir una sociedad.

Las dos posturas son ficciones imposibles de demostrar para Hume; él, en contraste, opta por analizar los hechos y la historia, así advierte que los gobiernos son producto de insurrecciones, conquistas, asesinatos y guerras crueles por el poder.

De cara a ello, Hume plantea la necesidad de un contrato social para resolver los problemas políticos: el beneficio común puede y debe ser la base para construir sociedades, lo cual constituye un hecho, y no una ilusión. De esta forma, Hume se transforma en un evidente antecesor del utilitarismo.

Influencia y Críticas

Indudablemente que el pensador que más decididamente influyó en Hume fue el empirista John Locke. George Berkeley tuvo también gran ascendiente sobre Hume, así como varios autores franceses como Descartes, Malebranche, Pierre Bayle y el barón d’Holbach. Isaac Newton, Samuel Clarke, Francis Hutcheson, Joseph Butler y otros intelectuales de origen inglés igualmente influyeron en su pensamiento.

Existen dos elementos en la obra de Hume que no se pueden separar, su crítica a la religión y el planteamiento de una nueva metafísica. Hume aprovecha su crítica de la metafísica, engañosa y viciada como la denomina él, para exponer lo que realmente le interesa, la crítica de la religión, de las religiones.

De las guerras y los disensos sociales son culpables todas las religiones, señala Hume, puesto que una camarilla de privilegiados las usa con fines espurios y no para lograr lo que pregonan.

La única forma de solucionar esa situación es someter al poder civil a las diferentes agrupaciones religiosas. Se requiere que ese poder no asuma todo el control, se dedicaría básicamente a supervisar las religiones, ya que se correría el riesgo de que una religión civil al estilo de Rousseau logrará imponerse.

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